Compatriotas: voy a emprender la grande obra de dar libertad al Perú,
mas antes de mi partida quiero deciros algunas verdades que sentiría
las acabaseis de conocer por experiencia. (…) Vuestra situación no
admite disimulo; diez años de constantes sacrificios sirven hoy de
trofeo a la anarquía; la gloria de haberlos hecho es mi pesar actual
cuando se considera su poco fruto. Habéis trabajado un precipicio con
vuestras propias manos y acostumbrados a su vista, ninguna sensación de
horror es capaz de deteneros.
Compatriotas: yo os hablo con la franqueza de un soldado. Si dóciles a
la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una
dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al
fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que
se presente, quien lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que
prolongar vuestra incertidumbre. (…)
Yo servía en el ejército español en 1811. Veinte años de honrados
servicios me habían atraído alguna consideración, sin embargo de ser
americano; supe de la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y
mis esperanzas, sólo sentía no tener más que sacrificar al deseo de
contribuir a la libertad de mi patria; llegué a Buenos Aires a
principios de 1812 y desde entonces me consagré a la causa de América:
sus enemigos podrán decir si mis servicios han sido útiles.
Compatriotas: yo os dejo con el profundo sentimiento que causa la
perspectiva de vuestra desgracia; vosotros me habéis acriminado aun de
no haber contribuido a aumentarlas, porque éste habría sido el resultado
si yo hubiese tomado parte activa en la guerra contra los federalistas
(…) En tal caso era preciso renunciar a la empresa de libertar al Perú, y
suponiendo que la suerte de las armas me hubiera sido favorable en la
guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos
vencidos. No, el general San Martín jamás derramará la sangre de sus
compatriotas y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la
independencia de Sudamérica. (…)
¡Provincias del Río de la Plata! El día más célebre de vuestra
revolución está próximo a amanecer. Voy a dar la última respuesta a mis
calumniadores: yo no puedo menos que comprometer mi existencia y mi
honor por la causa de mi país; y sea cual fuere mi suerte en la campaña
del Perú, probaré que desde que volví a mi patria, su independencia ha
sido el único pensamiento que me ha ocupado y que no he tenido más
ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los
hombres virtuosos.”
José de San Martín
22 de Julio de 1820