“Suplicamos
humildemente a Su Majestad que ordene la supresión de todos los privilegios que
tienen las propiedades señoriales […]; y que las imposiciones de toda
naturaleza, reales, provinciales, diocesanas y municipales sean soportadas por
todas las propiedades indistintamente.
Que el tercer estado tenga el mismo número de representantes
que los otros dos órganos reunidos del clero y la nobleza; y que se delibere no
por orden sino por cabeza de deliberantes.
Que la libertad personal es inviolable y que ningún
ciudadano puede ser privado de su libertad excepto mediante un juicio justo y
según las leyes en los tribunales ordinarios.
Que la reunión periódica de los Estados Generales es derecho
de la Nación y deberá ser en el futuro el sistema permanente de administración
del reino.
Se arbitrará una fórmula para establecer y recordar
continuamente que la ley ha sido proclamada y cada tributo ha sido impuesto por
voluntad o con el consentimiento de la Nación.”
Cuadernos de quejas y súplicas de varias ciudades francesas, 1789.